Asociación de profesionales, se hace camino al colaborar. El ejemplo de ATI

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ATI

Remontémonos a 1967. Cuando en apenas la mitad de los hogares españoles había televisor, algunas grandes organizaciones, públicas y privadas, hacía pocos años que ya habían recibido los primeros ordenadores del país para “el tratamiento automático de su información“.

Estas máquinas eran atendidas por informáticos autodidactas, principalmente ingenieros industriales. Y es en este contexto, y en el Colegio de Ingenieros Industriales de Catalunya donde nace la ATI, la Asociación de Técnicos de Informática, primero como una comisión técnica, para, poco tiempo después, dado su crecimiento, paralelo al de la introducción de ordenadores en el tejido empresarial, constituirse como asociación.

ATI surge en un momento en el que estos pioneros tenían muy pocas fuentes de información, apenas disfrutaban de acceso a recursos formativos específicos de esta nueva disciplina, y basaban su aprendizaje en el intercambio de experiencias y conocimiento entre ellos, en darse soporte mutuamente basándose en lo que sabían hacer y podían hacer.

Una vez contextualizado el origen de ATI, me acuerdo de una reciente conversación con un joven emprendedor, quien ha iniciado su aventura gracias al soporte de una aceleradora de startups.

Coincidimos en el ascensor. Yo me iba de una sesión de networking que habíamos organizado en la sede de esta aceleradora y él de la oficina. Mientras esperábamos el ascensor, le pregunté si estaba relacionado con la aceleradora y me dijo que sí, que era el CEO de una de las startups aceleradas. A partir de aquí, le fui preguntando por su proyecto, por la aceleradora, etc, y él me contestaba que estaba muy contento, y satisfecho, porque el ecosistema creado le permitía estar en contacto continuo con otros emprendedores, con los que comparte las mismas inquietudes, pasiones, dudas…, y el hecho de estar mesa con mesa con otras empresas más consolidadas, que le muestran el camino a seguir, le daba mucha energía.

La conversación fue breve, nos despedimos, y yo me fui para casa pensando en lo que acabábamos de hablar, y en como los ponentes de la sesión también aprovecharon para conversar con uno de los socios de la aceleradora, explicarse entre ellos en qué andan metidos, y plantear encuentros posteriores para mirar cómo podían colaborar.

Y más allá de esto, lo que me fascina es la naturalidad, la generosidad, la humildad con la que todos los interlocutores hablaban, ya fuese el CEO de la startup, el socio de la aceleradora o los ponentes, que también son emprendedores.

A veces, desde fuera, tenemos una visión distorsionada de todo lo que rodea al emprendedor, como si fuera una figura vanidosa, presuntuosa, egoísta, y, en cambio, la atmósfera que se vivió en esos treinta, cuarenta minutos después de la charla fue todo lo contrario. Era un clima completamente de reciprocidad, de ganas de ayudarse mutuamente.

Y esa es la filosofía que queremos transmitir en ATI, la de aquellos primeros informáticos de grandes corporaciones que se necesitaban entre ellos para aprender a manejar aquellas máquinas desconocidas y la de los emprendedores de pequeñas startup de hoy en día que incorporan la inteligencia colaborativa de forma natural.

ATI es un espacio de cooperación al que los profesionales del sector TIC acuden para poder aportar y recibir, contribuyendo, así, al desarrollo profesional personal y colectivo, desde un enfoque práctico, como decía, en el sentido de que se comparte lo que se sabe hacer, independientemente de la formación o experiencia previa de sus miembros.

Y esto, la existencia de entidades como ATI, en un sector tan cambiante como es el tecnológico, es primordial, pues te permite acceder a actividades que por sí solo sería más complicado de realizar.

Cogiendo la idea del concepto sharism, y sin intención de sonar pretencioso, ATI sería como una red neurológica, como pequeños nodos conectados que, aunque independientes entre ellos, trabajan para un fin común, el progreso del sector. El mundo académico, empresarial y asociativo son los nodos y se benefician de este rol aglutinador de ATI para que el impacto social y económico de las TIC sea un motor de crecimiento de la sociedad.

La labor conjunta de estos tres ámbitos, jugando ATI, u otras entidades, el papel de conector, es clave para que cualquier profesional del sector se sienta respaldado por su colectivo en su quehacer laboral.

Respaldo que se consolida:

  1. Teniendo acceso a una información lo más completa, disponible y relevante posible en relación a su ámbito de actuación.
  2. Estando en contacto con otros compañeros para tener una visión lo más exacta posible de la realidad que vive.
  3. Disponiendo de recursos para analizar esa misma realidad sobre unos datos actuales que le servirán para hacer ajustes y predecir posibles tendencias.

Este fue el origen de ATI y queremos que siga siéndolo por muchos años.