Cooperativas: ¿viejas empresas para la economía colaborativa?

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El mundo empresarial se está transformando a marchas forzadas, fruto de la globalización y de la revolución tecnológica pero también de una no menos importante revolución de las conciencias. No deja de ser paradójico que el capitalismo -sistema económico asociado tradicionalmente al individualismo- haya evolucionado por su propia lógica a fórmulas empresariales colaborativas. También que cada vez surjan con más fuerza tendencias como la Responsabilidad Social o el emprendimiento social que buscan acercar la actividad empresarial a la solución de problemas sociales y medioambientales. En este contexto, las empresas cooperativas -un movimiento surgido del mundo obrero a finales del siglo XIX- comparten muchas de las características de las nuevas formas de emprender y gestionar empresas, aunque no consiguen convertirse en protagonistas de este nuevo paradigma empresarial.

cooperativas

¿Son válidas para la nueva economía?

La evolución de la tecnología ha devuelto, paradójicamente, a las personas y su talento al primer plano. La base de la creación del valor, hoy en día, no son las materias primas ni el capital, sino las ideas y el conocimiento. El capital se convierte en un mero instrumento para que las personas con ideas puedan desarrollar sus proyectos, y la relación y la colaboración entre personas se convierte en el principal medio para generar innovación. Hoy en día es habitual que las empresas hagan referencia a la creación de equipos multidiciplinares y también multiculturales como clave para generar innovación y con ella ventajas competitivas para sus negocios.

Por otra parte, existe una renacida sensibilidad social respecto a las consecuencias ambientales y sociales de la actividad de las empresas. Tendencias como la Responsabilidad Social Empresarial, el emprendimiento social, el consumo responsable o las finanzas éticas, nos dan cuenta de cómo los consumidores valoran a las empresas no sólo en función de los aspectos tangibles de utilidad y precio de sus servicios y productos, sino también, de aspectos intangibles en los que cuenta (y cada vez más) cuál sea el comportamiento de la empresa en tanto que actor social. Cada vez nos damos más cuenta de que crear una empresa es, en cierta medida, cambiar el mundo. Y este cambio puede ser positivo, pero también negativo.

Todos estos elementos se encuentran presentes en las cooperativas. Estas empresas son asociaciones  de personas que se unen para conseguir un fin de carácter, normalmente, económico. Según la necesidad que se pretenda cubrir aparecen cooperativas de trabajo (donde el fin es generar puestos de trabajo), de consumo (en las que la finalidad es conseguir productos en mejores condiciones de calidad o precio) agrícolas, energéticas, de vivienda, servicios y un largo etcétera.

En el ámbito hispano, las cooperativas tienen un aire un tanto pasado de moda, asociadas a rescates empresariales por parte de sus trabajadores o al cooperativismo agrario. Pero la realidad es mucho más diversa: el panorama del cooperativismo a nivel mundial ofrece muchas y muy variadas realidades: desde fórmulas de resistencia obrera, o iniciativas de auto-ocupación, hasta gigantes empresariales en sectores tan diversos como el industrial, la producción agraria, los seguros, o las finanzas.

En sus principios las cooperativas son empresas de economía colaborativa, en las que las personas ocupan un papel primordial y que suelen cumplir una finalidad social además de la económica. Las cooperativas son empresas concebidas como fórmula de gestión de personas que cooperan, ya sea para trabajar, para consumir o para otros fines. El beneficio se obtiene, no en función del capital aportado, sino en función de la actividad que se realiza en ella (como trabajador, consumidor, productor o usuario) en una suerte de incentivo por beneficios “avant la lettre,” o como si todos los socios fueran intraemprendedores.

Todos estos elementos son ampliamente coincidentes con los fenómenos globales anteriormente descritos. Sin embargo, las nuevas empresas de la economía colaborativa raramente encuentran acomodo en las fórmulas cooperativas al uso, quizás a causa de las regulaciones demasiado restrictivas instauradas hace décadas; quizás por desconocimiento o mal conocimieno de la fórmula; o quizás porque, simplemente, los principios inspiradores de la economía colaborativa no son de tipo ético sino, eminentemente práctico: la colaboración, la participación y la transparencia son buenas en tanto que producen beneficios (y no a la inversa).

Esta semana hablaremos en IDaccion sobre economía colaborativa y sobre si las cooperativas son o no una fórmula adecuada y adaptada a las nuevas tendencias empresariales, pero como siempre, nos interesa tu opinión ¿Son las cooperativas una forma empresarial válida para el siglo XXI? COmenta en el blog o en nuestra comunidad de emprendedores y empresarios.