De la arena al trapecio: valores, escalabilidad e internacionalización

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Circo y robots

Algunos de los negocios que se inician pensando en fomentar la creatividad, la fantasía y la capacidad de disfrutar de los niños, no son de ninguna manera cosa de niños. O, por lo menos, no son solo para niños. Muchas pequeñas y medianas empresas, con una voluntad muy fuerte por el negocio social, nos demuestran cómo un modelo de negocio lucrativo ( y de alta escalabilidad) no está reñido con una verdadera incidencia social que va mucho más allá (si eso es posible) del trabajo educativo.

Por otra parte, casos como el de La Tarumba, nos recuerdan que la relación con el cliente puede ir transformando los modelos de negocio (aún aquellos que, en principio, no parecen siquiera un negocio), no solo en el caso de los proyectos de alto impacto tecnológico (como Twitter), sino también en proyectos a pie de calle y en los que la técnica ( y no la tecnología) es su arquitectura.

Esa capacidad de escuchar al cliente y adaptarse a sus deseos, y también a las necesidades de la sociedad es lo que los hace grande. Por eso, han nacido para crecer más allá de lo esperado.

Nuestro caso es La Tarumba

Allá por 1984 3 artistas callejeros, tres emprendedores anteriores al boom emprendedor, iniciaban un camino de sueños esperanzas y anhelos instalándose con espectáculos y talleres en calles, plazas o locales comunales a lo largo y ancho del Perú.

¿Su público? Los sectores menos favorecidos de la sociedad. En esta realidad compleja descubrieron, no solo el potencial cultural y natural de Perú, sino el sino de su proyecto. Sentaron los valores fundacionales de su organización, valores que han sabido, de manera magistral, mantener durante todo su recorrido empresarial.

La Casa

Paradójicamente, la calle les quedó pequeña, y aunque nunca la abandonaron ( porque es su fuente exegética de sentido), abrieron su sede, una vieja casona reconvertida en Casa-Teatro-Escuela, para echar a andar un ambicioso programa de “Capacitación e Intercambios” con otras escuelas y artistas internacionales, dando paso a un aprovechamiento de sinergias que nunca han abandonado.

Sin dejar de lado los “Talleres para Niños y Adolescentes,” en el año 2002 ya tenían las bases y el espacio para un ambicioso programa de formación de líderes y agentes de cambio que desembocaría en la “Escuela Profesional de Circo.”

Para estos “tarumbos” nada tarumbos “este es el inicio de una etapa de mayores retos en la gestión; el colectivo crece, el lenguaje se pule, la técnica se eleva, los resultados nos reafirman y nuestro público objetivo se amplía.”

Las Carpas

Todos los niños del mundo sabemos, sobre todo los que hemos crecido en pueblos pequeños, que lo que identifica a un circo es su carpa. Cuántos de nosotros no nos hemos quedado extasiados viendo como levantaban, esas moles de lonas y cuerdas.

En el año 2003 estos constantes cirqueros cumplieron el sueño, con esfuerzo y trabajo,  de la carpa propia. Primero un par de carpas de fabricación nacional y, luego, dos carpas italianas que les aportarían mayor aforo y la introducción de una tecnología avanzada. De este modo pudieron “ampliar el alcance de nuestra propuesta y escalar a un mayor posicionamiento, colocando a su vez al Perú en el mapa mundial de circos.”

La Nube

Ahora, han decidido alzar vuelo, sin abandonar el camino, y subir a la “nube” desarrollando una excelente página web donde quien quiera puede entrar en “Mundo Tarumba” interactuando y viviendo la experiencia total del circo, el teatro y la música desde su pantalla.

¿El objetivo?  “seguir innovando y reproduciendo nuestra propuesta, la misma que imaginamos cuando recorríamos las calles con una corneta y un tambor.” La misión ( y la ambición) de esta marca, la lleva siempre un poco más lejos:

Hacia la internacionalización

Cumplen 30 años y, con una cuota de mercado altamente consolidada, han firmado un convenio con el Fondo Multilateral de Inversiones del Banco Interamericano de Desarrollo (BID) para lograr una mayor internacionalización y la renovación de sus estructuras.

También forman parte de los Programas Sociales del BBVA. ¿Porqué? lo explica Geraldine Sakuda, directora artística de la compañía: “Formamos niños y jóvenes, pero no para que sean artistas o megatalentosos. Hacemos una educación para la vida, para hacer seres humanos capaces de transformarse a sí mismos y a los otros y hacer un mundo mejor.”

En la actualidad 50 personas trabajan en este negocio social donde unos 900 niños pasan por sus talleres, más de 100 mil espectadores ven sus representaciones y 40 jóvenes de toda Latinoamérica se forman durante 3 años en su escuela profesional de circo. Todo esto a partir del trabajo de tres artistas con una fuerte vocación social que los llevó a crear un modelo de negocio sustentable de fortísima incidencia social.

Queremos conocer más historias de PyMEs que tienen voluntad de escalar hasta la internacionalización, que lleven adelante modelos de negocio flexibles y adaptativos sin perder su identidad y su misión para que su crecimiento sea también el de su público ¿Nos cuentas cuáles conoces tú?