El ecosistema de inversores ángeles en Uruguay comienza a despertar

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“Che, en qué andan? No se olviden de nosotros”. Así se da una charla entre dos emprendedores devenidos en exitosos hombres de negocios que se conocen porque han invertido en conjunto en uno o varios emprendimientos que luego despegaron. Son redes de inversores ángeles, que no están constituidas como tal, formalmente, pero funcionan. Su principal diferencial es el aporte de know how además del capital.

Sumados a estos casos desestructurados, existen intentos por darles marcos formales. Por ejemplo, los reconocidos empresarios Gabriel Rozman (presidente de Tata Consultancy Services Iberoamérica) y Pablo Garfinkel (fundador de Life Cinemas), ambos directores de Endeavor, están trabajando en Tokai Ventures, un fondo de inversión regional que ya está en funcionamiento.

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Al mismo tiempo, el Centro de Emprendimientos Deloitte del IEEM consolidará su apoyo a la creación de redes de inversores ángeles y, desde un punto de vista regional, el BID también lanzará un programa de afianzamiento de esos grupos para Latinoamérica.

En 2008 el Fondo Emprender trató de crear una red de inversores y, si bien no logró “armar una red que actúe como tal”, sí consiguió atraer a un grupo de individuos a los que les muestra oportunidades, aunque en un formato de presentación uno a uno. Desde entonces ha trabajado para que 15 empresas reciban un total de US$ 6,9 millones.

Estas iniciativas se dan en un marco en el que los uruguayos han comenzado a cambiar su eterna aversión por emprender. De 2006 a 2010, la tasa de actividad emprendedora se mantuvo estable, pero en 2011 y 2012 llegó a un 15%, lo que implica que más de 350.000 individuos iniciaron e hicieron crecer un emprendimiento propio en los últimos tres años, reveló el Global Entrepreneurship Monitor (GEM), desarrollado por el IEEM en Uruguay.

Pese a este despegue, el tema de hacerse del capital sigue siendo un dolor de cabeza. De la encuesta se desprende que solo un 1% de los consultados invirtió en el emprendimiento de un desconocido por considerar que su idea de negocio lo merecía.

A esto se suma que aún “resulta bastante difícil conseguir financiación bancaria para un nuevo emprendimiento, ya sea por temas de garantías o de las incertidumbres propias del proyecto”, apuntó Isabelle Chaquiriand, docente del centro de emprendimientos del IEEM. “Por eso es tan importante que existan inversores privados”, explicó.

Coincidió Susana García-Robles, principal Investment Officer del BID (FominBID): Está claro que “a la región le falta tener ecosistemas como los de Silicon Valley en donde todos los eslabones de la cadena del financiamiento están bien desarrollados».

Un estudio que FOMIN solicitó al IESE Business School revela que actualmente existen una veintena de redes en la región, la mayoría de ellas operando desde 2008. En total cuentan con 665 inversores que habían realizado 99 inversiones hasta a fines de 2011, por un estimado de US$ 26 millones. “Esto es muy poco comparado con otras regiones en Europa y EE.UU.”, analizó la experta.

Las redes uruguayas

Uno de los grupos desestructurados que funcionan en Uruguay lo integran los destacados empresarios Francisco Ravecca, Roberto Yanuzzi y Pablo Milburn. Financiando proyectos desde hace varios años han construido una red de unos 100 contactos a los que acuden para capitalizar sus propios emprendimientos, o los de terceros.

En diálogo con El Empresario, Ravecca y Yanuzzi insistieron en que no se trata de un fondo de capital, en los que las cifras de inversión suelen ser muy superiores. “En 30 días levantamos US$ 1,8 millones; son diez personas a un ticket promedio de US$ 180.000 cada una”, contó Ravecca.

“Te asociás con alguien, esa persona también trae gente que conoce, no solamente de Uruguay. Por ejemplo, para el emprendimiento nuevo este tenemos inversores de Chile, Argentina y Uruguay“, apuntó Yanuzzi. “Aguda Park también lo hicimos así, tenemos inversores de EE.UU., Argentina, Uruguay y Dinamarca”, continuó Ravecca.

De manera similar, María Noel Ache, directora de Avina, comenzará a apoyar emprendimientos más allá de su familia y su núcleo más cercano, como lo ha venido haciendo. Es que la empresaria recuerda sus etapas de emprendedora y lo difícil que resultó conseguir capital. “Esta es una manera de ayudar a gente que tiene mucho potencial y promover la actitud de que en Uruguay se puede“, reflexionó.

Garfinkel, por su parte, trabaja también en el apoyo de proyectos desde hace años. Recordó que el fondo creado en 2007 se frenó en 2008 por la crisis en EE.UU., pero con otro grupo de inversores lo continuó de forma desestructurada. Así ha invertido en varios países de la región y en Uruguay en Woow, Kidbox y Micropagos.

Este empresario está detrás de Tokai Ventures, un fondo que en un par de semanas cerrará una nueva inversión en Brasil junto al Club de Inversores Ángeles de Harvard y se encuentra en etapas avanzadas con otras dos empresas, una de ellas uruguaya. Rozman y Garfinkel son por ahora la cara visible de este proyecto que todavía se está desarrollando, por lo cual prefirieron no abundar en los detalles de su conformación.

Tokai aplica un concepto propio de CoStartup: “Trabajar en conjunto con el emprendedor que tiene la idea en desarrollarla (como Woow o KidBox), o el de Company Builder, crear la empresa desde cero a partir de una idea que puede partir desde lo inductivo por ejemplo, buscando un equipo de emprendedores idóneo y hasta el rol de inversores más pasivos ya sea a nivel local o global”.

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La estrategia de financiación es la evergreen, o sea, además de los fondos comprometidos en el comienzo, se van tomando fondos adicionales a medida que los proyectos se van sumando, y no hay un tope, explicó Garfinkel.

Otra de las iniciativas que impulsará el ecosistema de inversores corre por cuenta del centro de emprendimientos Deloitte del IEEM. Chaquiriand contó que la idea es fomentar el desarrollo y apoyo a la creación de redes de inversores ángeles. “Esto ya se está haciendo a través de capacitación en temas emprendimientos y en los cursos de finanzas de proyectos de inversión, a través del contacto de los emprendimientos nacidos en el IEEM”, reveló. Para el año que viene planean ampliar el alcance de estos dos puntos más allá de los programas regulares del centro de estudios.

Qué dan los ángeles

El quid del inversor ángel es que no sólo invierte dinero, sino también «capital inteligente», es decir, experiencia y know how. “Por suerte actualmente en Uruguay tenemos una cantidad de emprendedores con ganas de entrar en nuevos proyectos. Sumado a las bajas tasas de interés a nivel mundial del sector financiero, es un momento muy interesante para invertir en la economía real”, alentó Chaquiriand.

Es que, para García-Robles, “el ángel agrega capital inteligente, no es solo dinero sino apoyo para desarrollar la estrategia y visión del negocio, abre puertas, conecta con otras iniciativas. Tiene un rol muy importante para una empresa en estado embrionario».

En algunos casos, Yanuzzi y Ravecca participan solo como inversores de capital, mientras que en otros aportan conocimientos. Ha sido similar el proceder de Garfinkel: “Me gusta no tanto el costado inversor, sino el involucramiento en el emprendimiento. Me involucro selectivamente”.

Otro de los grandes diferenciales del ángel inversor es que sabe de primera mano lo difícil que es hacer crecer un negocio y asume riesgos que las entidades crediticias formales no tomarían. Sobre el punto, desde Fondo Emprender aseguraron que “quienes han sido emprendedores son quienes mejor se adaptan al perfil de inversor ángel. Vivieron las etapas de diseñar, poner en marcha y desarrollar un emprendimiento, que implica asumir desafíos y riesgos diferentes a administrar una empresa en marcha”.

Es que, si no fuera así se generaría cierto conflicto, aseguró García-Robles: «Los ángeles, si no vienen de ser emprendedores ellos mismos, pueden no entender que la apuesta financiera que harán tiene que ser `capital paciente`».

Ebullición

«Hay una tendencia a decir que el ecosistema está re avanzado y la verdad es que yo voy a los eventos afuera y no es tan así”, advirtió Garfinkel, aunque no por eso deja de ser optimista.

Ache está convencida de que “cada vez hay más gente en Uruguay dispuesta a invertir en proyectos”. Para Ravecca, “hay mucha plata disponible para la etapa temprana del emprendimiento, porque hay mucha gente con dinero que no sabe qué hacer con él y no tiene muchas alternativas de inversión».

El problema es que las fuentes de capital no están identificadas porque en gran medida no están formalmente constituidas. “No podés entrar a un sitio en el que ponés: fondos de capital de riesgo en Uruguay y te aparece un listado”, explicó el empresario. Por eso lo que recomienda es vincularse.

En este sentido, organizaciones como Endeavor tienen un rol clave: muchos que ni siquiera fueron elegidos emprendedores de la red terminan consiguiendo capital por haberse dado a conocer.

Completan abanico de alternativas

Más allá de las redes formales e informales de inversores ángeles, en Uruguay existen fondos de capital semilla (como Fondo Emprender) y de capital de riesgo (como Prospéritas). A estos ejemplos se sumó este año la primera empresa de origen local de private equity (PE, capital privado), fundada por el empresario Martín Guerra, que invierte capital en empresas medianas en funcionamiento.

Sin margen para una aceleradora de empresas local

En la región cobran forma las «aceleradoras de empresas» y varios países ya las tienen en funcionamiento. Un acelerador es un programa que hace una inversión sustancial de tiempo y dinero en las primeras etapas de una firma. Se debe diferenciarlas de las incubadoras, que no invierten, sino que solo dan capacitación, asesoría y un marco en el cual desarrollarse.

Pablo Garfinkel consideró que no ve “la masa crítica ni el expertise para tener una aceleradora local propia». Es por eso que su fondo de inversión, Tokai Ventures, tiene un convenio con NXTP, la aceleradora más grande de América Latina. El empresario aseguró que en estos temas el Estado debería asumir un rol mucho más activo, como lo están haciendo en varios países de la región. Por ejemplo, Brasil brinda US$ 100.000 a las startups, Panamá trabaja en una ley para incentivar el capital de riesgo, al tiempo que en Colombia se regulará para que las Afaps también puedan invertir en capital de riesgo.

Artículo de Gabriela Rocha, vía El Empresario