El intraemprendedor, un valor olvidado

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En épocas de crisis económica se tiende a ensalzar la figura del emprendedor como el gran salvador de la patria; el ejemplo de cómo hay que salir del pozo en el que sea por quien fuere nos hemos metido.

Bien es cierto que emprender es un deporte de riesgo y merece un gran reconocimiento; pero teniendo en cuenta que la mayoría de nuevas empresas no comienzan a generar beneficios hasta pasados 3 o 4 años, creo que se exagera un poco. Y a veces se utiliza a los emprendedores como cortina de humo delante de las deficiencias estructurales que nadie quiere afrontar.

Sinceramente, creo que los emprendedores, son un elemento clave para que para que los países diversifiquen el modelo económico y regeneren la gestión de las empresas. Cosa que, a medio y largo plazo, es tan importante como la propia creación de riqueza.

En este último punto, el de la regeneración de la gestión empresarial, creo que hay que destacar una figura que no sólo pasa desapercibida sinó que muchas veces suele ser menospreciada, “El Intraemprendedor”.

El Intraemprendedor tiene un perfil muy parecido al del Emprendedor. Suelen ser personas creativas, trabajadoras,  esponsables y constantes. Pero en lugar de aplicar su talento y esfuerzo en la creación de una nueva empresa, lo hacen en el intento de mejorar la empresa en la que trabajan. Y esto, en un país con un tejido directivo envejecido y poco formado, sí que es un deporte de riesgo.

Los emprendedores se suelen encontrar con dificultades económicas, el miedo al fracaso, la falta de apoyo moral y con el Mercado en si mismo. Los intraemprendedores en cambio, con lo que luchan es contra su día a día. Con los problemas de organización, las debilidades de sus empresas y casi siempre con una tropa de compañeros y cargos superiores que, acomodados en sus sillas, no están dispuestos a cambiar nada.

La voluntad de mejora suele ser general en casi todo el mundo, pero la rigidez de las empresas o la actidud de los cercanos suele ser muy desmotivadora; haciendo que la mayoría desista y se deje llevar por la inercia inmovilista. En ese momento, ante la desmotivación, es donde el Intraemprendedor se diferencia del resto y lucha contra el inmovilismo de todas las maneras posibles.

Se podría caer en la tentación de decir que el emprendedor se juega la inversión hecha en la empresa, y que el Intraemprendedor no se juega nada. Pero está claro que existe un riesgo evidente para el Intraemprendedor. El que se prescinda de él, por pesado, incómodo o rebelde, pero en cualquier caso asume el riesgo de ser despedido y es algo que no se puede considerar menor.

Siguiendo con la comparativa, uno de los puntos más interesantes es el Éxito. Se puede considerar que un emprendedor ha triunfado, cuando consigue hacer que la empresa funcione bien y pueda vivir de su actividad. En el caso del Intraemprendedor el éxito viene cuando consigue cambiar las cosas dentro de la empresa y eso provoca una mejora en la actividad de la misma. Seguramente los motivos del éxito son los mismos en los dos casos; talento, esfuerzo, y constancia.

Finalmente está el Retorno, que es donde seguramente está la mayor diferencia. El emprendedor trabaja y se esfuerza para un retorno que, después de pagar a todos los creditores, revertirá sobre él mismo. En cambio, el intraemprendedor normalmente consigue el único retorno de la autosatisfacción de haber mejorado las cosas y la comodidad de trabajar en un sistema más eficiente. Seguramente su sueldo no se vea modificado o, si lo hace, lo haga de manera muy desproporcionada al resultado de los cambios promovidos.

Así pues, si aceptamos la necesidad de ir regenerando la gestión empresarial de un país y creemos en la mejora continua de las organizaciones, creo que tanto por parte de las empresas como de los gobiernos, la figura del Intramprendedor se debería tener en tanta o más consideración que la del emprendedor.

Christian Orcin

 Jefe de ventas y director de negocio en Leyard Europe