El liderazgo extremo: historia del explorador Ernest Shacklenton

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Hasta el momento, tal como nos demuestra la historia de las civilizaciones, la humanidad ha necesitado de líderes de la más diversa índole para ir avanzando en su evolución como especie. Y de esas experiencias históricas habría tantas definiciones de liderazgo como autores escribiendo sobre ello.

No hay nada mejor para ilustrar un ejemplo de liderazgo extremo que las experiencias reales vividas por el explorador Ernest Shacklenton. Un testimonio emocional que nos puede servir en nuestros proyectos personales, familiares o profesionales.
Ernest Shacklenton lideró junto a su tripulación y su barco “Endurance”, un caso histórico, conmovedor y radical de liderazgo pro-social.

Transcribo y copio.

“Shacklenton seleccionó a 27 hombres entre los más de 5.000 profesionales multidisciplinares que respondieron a su anuncio, donde avisaba, … No les prometo regresar con vida, pero si volvemos les prometo la gloria.

La expedición Endurance partió el 8 de agosto de 1914 con el objetivo de atravesar la Antártida desde el mar de Weddell hasta el mar de Ross, circuito inexplorado, pero las circunstancias del viaje pronto reemplazaron aquella meta inicial por una mucho más simple pero más importante: mantenerse con vida.
Cuando llevaban 6 meses de viaje, a tan sólo 160 km de su destino, encontraron témpanos flotantes que les obligaron a detenerse; en pocas horas el mar se heló por completo y el barco quedó atrapado por el hielo.

Shacklenton sabía, porque así lo había contrastado con otros líderes que había conocido, que su peor enemigo no era el hielo, sino la desmotivación de sus hombres. Por este motivo, The boss – tal como lo llamaban – insistía en controlar la moral de sus hombres estableciendo una rutina estricta. Utilizando el fútbol, veladas teatrales, conciertos semanales, torneos de corte de pelo, la caza para alimentarse y tareas varias; Shacklenton mantenía al grupo distraído, motivado y cohesionado. Les hacía trabajar a todos por igual independientemente de cuáles fueran sus cualificaciones profesionales. De este modo – estimulando la creatividad de cada uno de ellos – les comunicaba y les hacía sentir que todos eran uno, favoreciendo la solidaridad y la generosidad entre todos ellos.

Durante los 10 meses siguientes los 28 hombres quedaron estancados en el hielo dentro del Endurance, hasta que el barco se empezó a quebrar y hundir lentamente. Cuentan las crónicas que en aquel momento el líder dijo calmadamente: “Hemos perdido el barco, así que nos iremos a casa”.

Su única misión ahora era la seguridad de sus hombres, lo que a su vez se convirtió en su fuerza motriz.
Entonces cada uno seleccionó lo realmente imprescindible y empezaron a andar empujando 3 botes salvavidas cargados de provisiones, por encima del gran bloque de hielo flotante en el que se encontraban.

Evidentemente, hubo un día donde uno de los hombres se reveló, diciendo que al abandonar el barco ya no tenía por qué seguir las órdenes del capitán. El líder, para confirmar su rol, sofocar la rebelión y disipar dudas, respondió diciendo que a pesar de que no hubiera barco les pagaría a cada uno su sueldo hasta llegar a casa. Una vez más, confirmaba su capacidad para atraer lealtad, incluso con el criterio opuesto de sus hombres.
Cuando el hielo sobre el que caminaban se volvió tan fino que empezó a desaparecer, subieron a las barcas en busca de una isla, iniciando un nuevo viaje que nadie sabía cuánto duraría y soportando las más extremas condiciones climáticas.

Pasaron las próximas semanas remando sin cesar, sobreviviendo con una galleta al día. En estas condiciones, el líder se preocupaba en cuidar a todos y que cuidaran los unos de los otros.
Semanas más tarde llegaron a la isla Elefante, pero a pesar de que estaban en tierra firme seguían fuera de cualquier ruta de los balleneros o cazadores de focas que navegaban por la Antártida.

Entonces, días después, Shacklenton decidió que debía embarcarse de nuevo en busca de un rescate, y con los tres botes construyeron, entre todos, uno mucho más resistente.
Sería entonces la primera vez que el grupo se dividiría: 22 hombres se quedaron en tierra esperando, y Shacklenton y 5 hombres más partieron rumbo a la isla de Georgia South. Al llegar, desembarcaron al otro lado de la isla y tuvieron que cruzar andando y escalando las montañas hasta llegar al otro lado donde se encontraban los puertos. Nadie lo había intentado antes, y ellos lo consiguieron sin apenas descansar o comer, pues sabían que las vidas de sus compañeros estaban en sus manos.

Una vez allí pudieron pedir ayuda, pero pasaron 4 meses más hasta que ya no fue posible acercarse en barco a la isla Elefante. Shacklenton intentó tres veces ir a rescatar a sus hombres, pero tuvo que retroceder por culpa de las condiciones climáticas. Finalmente, gracias a la ayuda de un barco chileno, al cuarto intento pudo llegar a la isla donde le esperaban sus hombres y para su satisfacción, seguían los 22 con vida. Tal como les había prometido, les llevó de regreso a casa con el mismo espíritu y la misma responsabilidad con la que una madre o un padre lucharía por mantener la vida de sus propios hijos. En Europa fueron recibidos como héroes, a pesar de que durante esos años había estallado la Primera Guerra Mundial y en aquel momento se valoraba más a los héroes muertos en una batalla que a los que habían conseguido sobrevivir”.

Pro-sociabilidad nuevos desafíos
Métodos y pautas para la optimización creativa del entorno
De Robert Roche Olivar – Doctor en Psicología UAB

liderazgo

ACERCA DEL AUTOR

Rafael Alcón Díaz – Consultor Empresarial – Executive.   Director ALCÓN-freelance associated at ESCURA Consulting. Entrepreneur Business Consultant. CFO&MKT Manager.