Marketing, Blogging, Startups y la huerta pijo, por Víctor Campuzano

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Cuando era joven (jajajajaja, me encanta empezar así) y estaba estudiando, trabajaba los veranos y fines de semana de la época de cogida en mi pueblo, para costearme “mis caprichos”. Recuerdo con cariño la época en la que trabajaba en una de las pocas fincas que hoy en día sobreviven fieles a como lo eran antaño.

El primer día de trabajo fue muy interesante y aprendí cosas que creo que hoy en día se pueden aplicar en cualquier entorno empresarial.

Todo el personal se organizaba a primera hora del día y se dividía en cuadrillas, cada cual encargada de cubrir una zona determinada del terreno. Al final del día, la cuadrilla que conseguía mejores resultados obtenía, en forma de reconocimiento y con pequeños regalos, el premio de ser la más productiva del día.

Había un “pique sano” (pues al final todos se llevaban bien) entre las cuadrillas, cuyos miembros se pasaban el día “chinchándose” los unos a los otros con esa frase, que hace referencia a la lentitud con la que se trabaja en el campo los días lluviosos.

Sin duda que este “pique sano” y esta competición suponía un aliciente y mantenía a los empleados motivados y activos, pues todos querían conseguir una meta muy cercana: el premio del día.

“Si no puedes hacer menos, pues haces más”

El sentido del humor va a parte, pues esta frase siempre iba seguida de risas que aún no entiendo. Pero era la frase con la que se concluía la explicación de bienvenida que te contaba el más veterano de la cuadrilla a la que eras asignado. Lo que venía a decir el hombre es que asumía que ibas a darlo todo y que venías a trabajar y no a monear así que, si eres bueno y no puedes evitar hacer más de lo que se te pide, pues entonces hazlo.

Cada cual dentro de la cuadrilla sabía qué tenia que hacer para conducir a su cuadrilla hacia la victoria del día y, todas ellas en conjunto, conseguían siempre cumplir los objetivos generales de la “empresa”. Todo ello entre risas, reuniones a la hora del almuerzo y chistes guarros (a ver, no sé qué papel cumplían los chistes pero cuando no los había sabías que la cosa no iba bien).

“Hoy José viene con nosotros”

José (haciendo énfasis en la e acentuada), el dueño de todo aquello, trabajaba absolutamente todos los días como uno más. De hecho, cada día acompañaba a una cuadrilla distinta. En contra de la reacción que sería más normal hoy en día (“Uff, hoy estamos vigilados”), tener a José en tu cuadrilla molaba cantidad. No sólo ese día tenías más posibilidades de ganar, sino que te contagiabas con el entusiasmo y saber hacer que desprendía. Verle trabajar, dentro del ámbito en el que estábamos, por supuesto, era realmente inspirador. Cogía fruta con una velocidad y precisión, mimando “el género” que nadie alcanzaba a imitar. Y cuando había un árbol demasiado alto, todavía a su edad era capaz de escalarlo hasta alcanzar hasta el más mínimo “albérchigo”. Lo único es que él no contaba chistes guarros.

Las jornadas de trabajo eran duras, no te lo voy a negar. Pero siempre llegabas a casa con una agradable sensación…

Lecciones de “la huerta” para emprendedores

A pesar de haber una grandísima brecha entre aquella época y la actual, creo que saqué valiosas lecciones que hoy, a modo de reflexión, puedo compartir contigo:

  • La motivación del “corto plazo”. Motivar a tu equipo con metas alcanzables y a corto plazo es ideal para conseguir pequeños avances hacia un objetivo mayor y más lejano.
  • La motivación de la competición. Corrígeme si me equivoco pero a todos, enfocado de una forma justa, nos gusta competir siempre que sea como diversión y no por el pan. Enfocado de una forma correcta, la competición entre miembros de tu equipo puede obedecer a un bien común.
  • Centrarse en lo que hemos venido a hacer. Yo soy el primero que “moneo” mucho, es uno de mis grandes defectos. Pero reconozco que, cuando me centro en hacer algo, mi nivel de productividad se multiplica y soy capaz de sacar mucho trabajo adelante en poco tiempo. Eso es gracias a asumir que tengo que hacerlo, que estoy aquí para ello y que cuanto mejor lo haga mejor será. Te parecerá una tontería, pero a veces hay que “autorecordártelo”. ¿No crees?
  • Un líder debe inspirar. Un líder debe ser esa persona cuyo equipo quiera llegar a ser como él. Debe inspirar con su buen hacer y con su forma de ver las cosas y no imponer su criterio o su valía desde una posición inaccesible. No hay nada mejor que bajar al mismo nivel que los de tu equipo y demostrar que pasaste por ahí.

Y si te ha gustado el post es que lo he hecho bien. He convertido algo cotidiano, que bien podría haber pasado desapercibido por mi vida, en una historia con moraleja y lo he enfocado a consejos para emprendedores y directores de equipo.

Quizás estés de acuerdo o no con la historia o con las conclusiones, pero eso es a parte.

Donde seguro que coincidirás conmigo es en que cualquier momento de tu vida es susceptible de aprender de él y de ser contado. Eso es lo bonito de la vida.

Así que, si llega un día el que el folio en blanco amenaza con acabar contigo, querida/o blogger, entonces simplemente “remember your live lived”.

Artículo de Víctor Campuzano, a través de su blog personal vcgs.net/blog