¿Y el acceso al crédito para cuándo? Ventanas a la esperanza

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Buenas noticias. Por fin parece ser que hemos llegado al punto de inflexión en esta profunda crisis en que nos hallamos inmersos. La economía española vuelve a crecer, aunque sea un tímido 0,1% en el tercer trimestre. La CEOE prevé un crecimiento del PIB para el 2014 del 0,9%, más optimistas que el gobierno de la nación que lo sitúa en un 0,7% para 2014 y del 1,6% para 2015. Doctos expertos del FMI, con prudencia, se expresan en el mismo sentido. El Banco Central Europeo prevé para la eurozona un crecimiento del 1,1% en el 2014 y del 1,5% para 2015.

banquero tacaño

Con todas estas -podríamos calificar- buenas expectativas, es lógico esperar que el crédito bancario vuelva a fluir hacia las empresas y particulares. Pero mucho me temo que no lo veremos a corto y medio plazo, al menos en la medida que el tejido productivo y las economías familiares desearían.

¿Por qué esta opinión de talante pesimista? El sistema financiero español debe de acumular liquidez para hacer frente a su propio endeudamiento cifrado en una cuantía de entre 250.000 millones y 300.000 millones de euros.

Antes de hacerse patente la crisis las entidades financieras emitían títulos de diversa índole que colocaban con suma facilidad y que permitían financiar la concesión de créditos y otras actividades inversoras. Cuando una emisión vencía, lanzaban otra que era cubierta con relativa facilidad en los mercados mayoristas y minoristas, según el tipo de emisión. Esta dinámica se ha visto quebrada en estos años. Ahora, a su vencimiento, deben devolver retornar estos créditos, como todo hijo de vecino. Esta es una de las principales razones por las cuales el crédito no fluye ni fluirá con facilidad. Ciertamente, algo ya se va moviendo, pero tomando todas las razonables precauciones de concesión a quien tiene probada capacidad de retornarlo. Práctica que se había relajado en los tiempos en que todo parecía funcionar de maravilla.

Por otra parte, también hay que tener presente la elevada tasa de morosidad que sufre el sistema bancario situada en récords históricos, 12,7% al cierre del tercer trimestre de 2013, ello a pesar de las refinanciaciones que en parte no dejan de encubrir una mayor morosidad latente.

En este escenario aparecen y toman protagonismo fuentes de financiación alternativas. Quizás inspiradas en citas como la conocida de Albert Einstein: “En épocas de crisis la imaginación es más importante que el conocimiento”.

Recientemente ha sido creado el Mercado Alternativo de Renta Fija para Pymes (MARF), que permite canalizar recursos financieros a las empresas solventes que pueden acceder a financiación mediante la emisión de títulos de renta fija, vía que se suma al Mercado Alternativo Bursátil (MAB). Citando lo que se anunció en su presentación, este nuevo mercado, el MARF, se dirige de forma principal a inversores institucionales, españoles y extranjeros que desean diversificar sus carteras con valores de renta fija de compañías de mediana dimensión, habitualmente no cotizadas y con buenas perspectivas de negocio.

Por otra parte están apareciendo y tomando cuerpo las plataformas de crowdfunding y crowdlending, con exitoso precedente en países como el Reino Unido, instrumentos a través de los cuales los inversores, en general, pueden aportar fondos para financiar proyectos empresariales, que previamente han sido analizados y “aprobados” por los expertos analistas de las plataformas, facilitando a quien tiene capacidad de inversión una nueva fuente de canalización de recursos económicos y diversificación de riesgos, con expectativas de obtención de rentabilidades superiores a las que ofrecen los productos de ahorro e inversión tradicionales.

También el gobierno ha anunciando una cercana modificación de la regulación que rige la actuación de las sociedades y fondos de capital riesgo, a fin de facilitarles la inversión mediante préstamos en empresas.

En definitiva, la crisis, o limitaciones que sufre el sistema financiero para la concesión de crédito, ha conllevado el nacimiento y generación de nuevos vehículos que entran en el terreno de juego, con lo cual, aunque sea con una evolución más lenta que la deseada y necesaria, las empresas y particulares tendrán en un futuro próximo un número mayor de proveedores de financiación. Y esto, retomando el inicio de este artículo, no deja de ser también una buena noticia.

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